Archivo para la Categoría ‘Identidad Marista’

21
Sep

El Deporte de Champagnat

   Publicado por: Beatriz Barcenilla Dimas

Para mis alumnos:

Estoy segura de algo, sí a Marcelino se le ocurriera venir algún día, a nuestras clases de Educación Física, os dejaría deporte libre e incluso jugaría con vosotros. De momento hasta que Él venga seguiremos corriendo y con el lío de las pulsaciones. je, je, je.

Marcelino tendría que ser un hombre corpulento. con piernas delgadas pero muy fibrosas, pues caminaba desde unos pueblos a otros llevando educación a los más desfavorecidos y procurando convertirlos en buenos Cristianos y honrados ciudadanos.

Sus brazos imagino serían bastante fuertes y tendría unos músculos bien definidos, puesto que con sus propias manos y la ayuda del resto de hermanos levantó la casa de l´Hermitage, en Francia, con mucho esfuerzo y dedicación.

Teniendo en cuenta que era una persona sana y todo lo que caminaba, estaba claro que poseía una buena condición física que le permitiría salir de situaciones complicadas. Una de esas situaciones podría ser perfectamente cuando Marcelino, En febrero de 1823, tuvo que acudir a despedir al hermano Juan Bautista (1807 – 1872).

En lo más crudo del invierno de la región, cubierta de nieve, el Hermano Juan Bautista (1807-1872),que apenas tenía quince años y medio, cayó gravemente enfermo y a los pocos días se encontraba a las puertas de la muerte. Tan pronto como el Padre Champagnat se enteró de la triste noticia, partió rápidamente, acompañado del Hermano Estanislao (1800-1853),para llevar su última bendición al Hermanito antes de su encuentro con Dios.

Conociendo los atajos a través del Monte Pilat (1.434 m),la distancia de La Valla a Bourg-Argental era no menos de 16 kilómetros y más de cinco horas de camino, que se hacía sumamente lento por lo accidentado del terreno y por la nieve congelada. El penoso trayecto fue recorrido sin mayores problemas, pues era de día; nuestros dos viajeros tenían la salud de robustos campesinos, y como he dicho antes plena condición física. Entonces Champagnat y Estanislao, confiando en sus fuerzas, decidieron regresar a La Valla esa misma tarde, a pesar de la nieve que no cesaba de caer, y de los Hermanos y amigos que hubieran deseado retenerlos en Bourg-Argental siquiera por esa noche.

Era ya el crepúsculo en Bourg-Argental y desde la salida un viento siberiano sorprendió a los caminantes. La nieve gélida formaba torbellinos golpeándoles el rostro, se acumulaba peligrosamente, borraba todo indicio de camino, hacía muy lenta la marcha, provocaba caídas. Después de 4 kilómetros, toda señal de camino había desaparecido y aún faltaba un buen tramo para franquear las crestas montañosas entre las dos cimas de 1.336 y 1.307 metros. Se internaron en el oscuro bosque; el viento silbaba entre las ramas. En todo el contorno reinaba una profunda oscuridad.
Transidos de frío, continuaron caminando cada vez con mayor dificultad, casi sin lograr avanzar: anduvieron varias horas a la deriva extraviados en medio de la tempestad invernal de la montaña, la soledad de la noche y el oscuro bosque.
El Hermano Estanislao estaba en el límite de sus fuerzas y tuvo que ser sostenido por el Beato Fundador. Pero pronto él también, sofocado por la nieve, se sintió defallecer. Dirigiéndose al Hermano: “Amigo, le dijo, estamos perdidos si la Santísima Virgen no viene en nuestro auxilio; acudamos a Ella y supliquémosle nos libre del peligro en el que nos encontramos de perder la vida en medio de este bosque y de la nieve”. El Hermano Estanislao no oía nada y se deslizó desvanecido en la pendiente nevada.
El Beato Champagnat se arrodilló al lado del Hermano extendido en la nieve y rezó con fervor la oración atribuida a San Bernardo:
“Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorado vuestra asistencia o reclamado vuestro socorro, haya sido abandonado…

Levantó como pudo al Hermano Estanislao, lo arrastró unos diez metros, y de repente vio brillar una lucecita que se movía. Una casa, ¡Estaban salvados!

Cómo os decía, es muy probable que sin la preparación física que poseían Champagnat y el H. estanislao, tomada de largos paseos y trabajos de fuerza, hubiera sido imposible soportar tanto frío y resistir a la fatiga e inclemencias del tiempo.  Gracias a estas capacidades y a su Fe ferviente en María la Buena Madre, Marcelino pudo salvarse y salvar al H. Estanislao.

Por lo tanto chavales, para terminar con esto que os quería explicar, cómo no seguir trabajando las capacidades Físicas como Marcelino hiciera, para estra preparados para cualquier actividad que la vida cotidiana nos pida.

Y por cierto. Marcelino no vendrá a clase, pero porque está todos los días con vosotros.

Así que por lo tanto. ¡A seguir trabajando…y corriendo!.

BEA.