En nuestro tercer día de viaje madrugamos y nos desplazamos a Sevilla. Allí nuestra guía nos hizo una panorámica desde el mismo autobús; de esta manera pudimos ver los Jardines de la Buhaira y los Jardines de Murillo, el puente del V Centenario, los pabellones de la Exposición Iberoamericana y de la Exposición Universal (ahora reconvertidos en diversas instalaciones), el barrio de Triana, a la otra orilla del Guadalquivir, con su famosa calle betis o con la iglesia de Santa Ana, los puentes de San Telmo y Triana o el Palacio de San Telmo.
Terminando nuestra panorámica, paramos en la Plaza de España, donde pudimos pasear y, por qué no, buscar el mosaico de nuestra ciudad, Segovia. Desde allí nos acercamos a los Reales Alcázares, y pasamos algo más de una hora recorriendo sus palacios y jardines. A la salida, y justo antes de irnos a comer, recorrimos el intrincado barrio de Santa Cruz, sus estrechas calles, sus cuidados rincones y su encantadora Plaza de Doña Elvira, terminado nuestro recorrido en la Plaza del Triunfo, donde vimos el Archivo de Indias y la Catedral y Giralda.
Por la tarde dimos un paseo por la Avenida de la Constitución, las plazas de San Francisco y plaza Nueva (donde se ubica el Ayuntamiento), las famosas calle Tetuán y calle Sierpes y nos acercamos a la orilla del Guadalquivir caminando frente a la Maestranza o la Torre del Oro.
Al día siguiente comenzaba nuestra vuelta a casa, pero antes debíamos pasar gran parte del día en Córdoba. Empezando nuestra visita desde la Torre de la Calahorra, cruzamos el puente Romano contemplando ya la impresionante vista que ofrece la Mezquita – Catedral, a la cual se llega nada más cruzar la Puerta del Puente.
Primero realizamos una visita al barrio judío, donde pudimos visitar la Sinagoga y ver la estatua de un importante filósofo cordobés, el judío Maimónides. No fueron las únicas estatuas que encontramos, ya que otros dos grandes filósofos nacieron en esta ciudad, el romano Sénenca y el musulmán Averroes.
Tras pasear por las hermosas callejuelas de este barrio y disfrutar de sus coloridos patios, cuyas paredes permanecen cubiertas con macetas y flores, llegamos a la Mezquita con su Patio de los Naranjos, el alminar, el mihrab o su maravilloso bosque de columnas y arcos. Sin olvidar la insólita adecuación de la misma al culto cristiano, que aún siendo polémica, convierte a este monumento en un lugar único en el mundo.
Terminamos así la mañana y, tras la comida y algo de tiempo para pasear pusimos rumbo a Segovia, cansados y felices (aunque algo melancólicos ya que se terminaba nuestro viaje).