¡Dichosas notas!

Estamos en la recta final del curso y para muchos de nuestros alumnos sus mayores preocupaciones tienen que ver con las calificaciones que van a obtener. Para algunos, querer “sacar buenas notas” es un reto personal, pero para la mayoría es una presión externa. Las familias les insisten en que deben sacar buenos resultados, los profesores les recordamos que aún pueden mejorar, los compañeros comparan sus notas…

En resumen, al final parece que lo único importante sea obtener… digamos un 7 en la asignatura en cuestión. Porque ese 7 significa que mis padres están conformes con mi trabajo, mi profesor me da la enhorabuena y, lo que es aún mejor, supero a “fulanito”, que lleva todo el curso tomándome el pelo con las notas que sacaba, a ver si le quedan ganas de reírse ahora.

graduation caps

"graduation caps" by John Walker

Es un grave problema, las dichosas notas han adquirido cierto olor a etiqueta. Los alumnos que suspenden, los que no pasan del 6, los que siempre sacan más de 9… etiquetamos y empaquetamos. ¡Pues no es lo mismo un 9 que otro!

No puede ser lo mismo, ya que no hay dos alumnos iguales. Ni parten de los mismos conocimientos, ni de las mismas capacidades, por lo tanto las notas de dos alumnos, por mucho que sean “iguales”, no tienen nada que ver.

Sin embargo, nos obcecamos con pruebas estandarizadas que lo único que miden es si el alumno sabe hacer esa prueba concreta y que fomentan las comparaciones superficiales y en muchas ocasiones, dañinas.

De este modo nuestros alumnos han perdido perspectiva. No entienden el verdadero valor de su nota, que es saber qué han aprendido, qué hacen bien, qué hacen mal y cómo pueden mejorar. Sin eso, es papel mojado.

El alumnado deberían entender perfectamente qué es evaluar y qué calificar. Y en qué se diferencian. No lo saben y los docentes tenemos la obligación de explicárselo.

Calificar es la mera acción de asignar una nota al nivel alcanzado por el estudiante, mientras que evaluar es conocer el punto de partida del alumno, entender cómo trabaja y aprende,  identificar los aspectos en los que ha avanzado y aquellos en los que está estancado. La diferencia es significativa, y la importancia de la calificación es ínfima al lado de la de la evaluación.

La evaluación nos hace ser conscientes de nuestro aprendizaje. En ese sentido, la autoevaluación es una herramienta muy poderosa. Bien empleada nos ayuda a conocer nuestro nivel y nuestras limitaciones. Si habituamos a los alumnos a que se autoevalúen, les hacemos responsables de su aprendizaje.

En este punto, seguro que se escucharán voces contrarias que dirán que a nuestros alumnos no les motiva la escuela. Y si no les interesa aprender, no podemos pretender que se hagan responsables de su aprendizaje. Yo creo que se equivocan. ¡Claro que les interesa aprender! El problema es que no encuentran utilidad a muchas de las cosas que les enseñamos en los colegios, ya que lo sienten como una imposición totalmente ajena a su realidad.

En cambio, en una buena autoevaluación, ellos mismos miden cuánto saben y deciden qué pasos seguir para cubrir las carencias que encuentran. Se genera una necesidad, ya que el alumno se hace consciente de sus puntos débiles y su motivación aumenta. Al fin y al cabo, como diría un buen amigo mío (@serma83):

Superación

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